domingo, 13 de julio de 2014

Se ganó con el corazón



Fueron cuatro días, desde el triunfo contra Holanda, que se respiró ilusión y orgullo en el ambiente. La esperanza que el seleccionado argentino traiga la Copa del Mundo al país casi que se podía tocar en las calles porteñas y ver en los ojos de los habitantes, todos motivados por un mismo sueño.

Pero el fútbol tiene eso, da tanta felicidad como dolor, y la suerte a veces no quiere llegar. El domingo fue el día. La final consistió en 122 minutos de mirar una pantalla con esperanza, deseando estar en esa tribuna, agarrando y agitando una bandera, alentando como si cada espectador estuviera en esa cancha, sintiendo cada gol errado como propio. Porque 24 años sin participar en una final del Mundo es mucho tiempo. Porque cada partido fue peleado y Argentina merecía ese lugar en la final. Y porque ver a los argentinos unidos de esa manera, generó un orgullo único.

El partido termina 1 a 0 y, al principio, la gente no sale a la calle. Nadie se atreve a asomarse a la ventana y, finalmente caer, que realmente el partido finalizó. El domingo parece más frío e invade la desilusión. Pero de repente, en la pantalla, se puede ver el dolor de los jugadores y cómo caen las lágrimas, y el país quiere darles su apoyo. El Obelisco comienza, lentamente, a agitarse de nuevo. Se empiezan a escuchar las bocinas en las calles,  se asoman las banderas por los vidrios de los autos, la gente grita “Argentina” desde la ventana. Se abraza con las personas que los rodean. Cada punto de aliento en el país empieza a ser trasmitido por televisión y las palabras de apoyo al seleccionado nacional generan la sensación de que haber perdido ese partido no significa haber perdido el Mundial. El país era una fiesta.

Sí, las consecuencias en la ciudad porteña de tantos argentinos frustrados también trajo represiones negativas en la ciudad. Locales rotos, gente detenida y desilusión. Pero eso en el tiempo se olvidará. Todos, absolutamente todos los argentinos que vivieron el Mundial Brasil 2014 serán los que, en unos años, se pongan a relatar, no los sueños frustrados, sino cuando nos abrazamos y lloramos emocionados, ganándole la semi a Holanda por penal.

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