Ya no transmite
esa imagen de rockero con la que se lo conoció. No más pelos largos, no más
ropa desarreglada, no más cara de malo. Aquel cantante de “Los caballeros de la
quema” es ahora, varios años después, un nostálgico del rock de los 80 y un
padre en armonía con su soltería.
“Creo
que no es para cualquiera estar solo, porque es una renuncia a lo que hemos
formado como modelo familiar y también corres el riesgo de convertirte en un
ermitaño, que empieza a pasar sin darte cuenta”, declara el cantante. Lejos de
aquellos temas que componía para su banda noventosa, hoy como solista escribe
enfocándose en el amor a su hijo Benito, las noches de soledad y los rituales
que lo acompañan rodeando los 50.
Twittero constante, los temas a los que
recurre a diario en su perfil se centran en su hijo, el fútbol y la música.
Temas que entremezclan su pasado y su
presente, ya que durante su infancia intentó entrar a Ferro como jugador y
quedó afuera, siendo ahora Benito quien parece poseer estas cualidades deportivas
y resultando ser un fanático de Pablito Lescano. “Él sabe que hay un género
musical que yo no logro disfrutar que es la cumbia. En mi auto no se escucha y
él a propósito me dice: Quiero escuchar cumbia, papá”, cuenta Noble.
Por otro lado, a pesar de su largo recorrido
en el ambiente musical que ya lleva más de treinta años, si algo caracteriza al
solista es su perfil bajo. Su pareja más conocida por los medios fue la madre
de su hijo, Julieta Ortega, pero hasta ahí llega su lista. Jamás se lo conoció
por situaciones polémicas ni conflictos mediáticos.
Sus seguidores fieles saben que los
recitales desde que se separó de la banda tienen la marca Noble: un banquito,
su guitarra y él, escondido tras gafas oscuras, tomando una copa de vino. Y, es
quizás así, como se puede resumir la vida actual de Iván Noble: tranquilidad,
perfiles bajos y una copa en soledad.
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