Un día más de una incertidumbre que cargaremos los
argentinos por mucho tiempo en nuestras
espaldas, puedo casi oler el desaliento en las calles, sin saber qué le sucedió
al fiscal Alberto Nisman.
Esto no es un texto de denuncia, ni que busca criticar. Es
simplemente de miedo y dolor. Hoy los fiscales se movilizarán buscando
homenajear al abogado, y el país nuevamente sabrá que hay causas que están
perdidas y que la verdad no será revelada. Y que el silencio y la represión es, quizás,
el transporte más seguro para sobrevivir en la ruta de la denuncia en
argentina.
Ojalá me esté equivocando, ojalá esto pueda cambiar. Ojalá
el pasado de nuestro país se equivoque, ojalá la historia no se repita. Ojalá
mañana me levante por primera vez en el último mes sin preguntarme: “¿Qué dirán
los textos de historia Argentina en diez años sobre la muerte de aquel fiscal
en el 2015? ¿Voy a tener que explicarle a mis hijos una versión no confirmada
de mi verdad o por fin algo va a cambiar?”.
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